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Berlín atrapa desde antes de su llegada: su convulsionada historia es un imán para viajeros ávidos por conocer de cerca la ciudad más pujante y creativa del viejo continente. En Berlín se hace historia, todos los días. Y queremos ser parte de ella. Berlín está de moda. Es su momento. Y el nuestro.

Aterrizamos con mi esposa y una amiga en Berlín una tarde soleada. Ya desde el avión se veía una ciudad rodeada de bosques, lo cual anticipaba una de las capitales más verdes de Europa. En un abrir y cerrar de ojos, estábamos ya en la que sería nuestra casa por las próximas 48 horas: Hotel am Steinplatz, un hotel de la Autograph Collection de Marriott, ubicado en un edificio centenario en estilo art decó, que sirvió como alojamiento a la nobleza rusa cuando escaparon de la revolución en los años 20.

En estas aristócraticas estancias se hospedaron reconocidos personajes de la época. Y por dos noches, es ahora nuestra residencia. Inspirado en sus orígenes, este hotel cuenta con un diseño exquisito de vanguardia, manteniendo el respeto con la tradición de un establecimiento clásico. Nos impactó especialmente su restaurante, donde el Chef Ejecutivo hace una moderna interpretación de la más tradicional cocina alemana.

Un paseo posterior a la cena nos lleva por la famosa Kurfuerstendamm, para terminar frente a las contrastantes fachadas de la Iglesia del Recuerdo, donde se aúna el recuerdo de sus exteriores devastados por las bombas y los modernos acristalados de un color azul impactante, cerrando así una mágica primera noche.

LAS PRIMERAS 24 HORAS

Tras un sueño reparador, y un desayuno en el hotel donde la sola variedad de panes caseros y artesanales seria merecedora de premios, salimos a caminar, en dirección a Gendarmemarkt, la zona más francesa de Berlín. Sus tiendas tienen todo lo que una mujer, y un hombre, pueden comprar. Llevarlo a casa, será otro tema.

Almorzamos en el tradicional restaurante Borchardt, sitio indispensable si se quiere estar al día con lo que sucede en el ámbito político y diplomático. Es el sitio para ver y dejarse ver, si las esferas gubernativas son lo suyo.

Luego de almorzar la más deliciosa Schnitzel, nos buscó nuestro guía personal, Henrik, quien nos dio un tour hecho a la medida de nuestros deseos por Berlín, incluyendo un especial recorrido por donde otrora pasara el tristemente célebre Muro. Un tour exclusivo y caminando, que es la mejor manera de conocer esta capital fascinante.

Y para coronar un día increíble, cenamos en Pauly Saal, un exclusivo restaurante ubicado en la que antiguamente fuese una escuela para niñas judías. Disfrutamos de la compañía de un amigo berlinés, con quien compartimos una cena única, con platos y vinos alemanes.

NUEVO DÍA, NUEVAS SENSACIONES

Ya sentimos a nuestra habitación como una extensión de nuestra propia casa. Cuesta dejarla, pero sólo pensar en el desayuno del Steinplatz, nos hace saltar de la cama. Nos esperan los panes, nos espera Berlín. No los hagamos esperar. A ninguno. Comenzamos con una visita a la extraordinaria Isla de los Museos -uno de los sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO-, donde en diferentes edificios de época, se pueden apreciar colecciones de arte de los últimos 5000 años, con una curaduría impecable.

Un almuerzo ligero en uno de los tantos sitios en la calle donde ofrecen salchichas con curry y, obviamente, cerveza. Todos son buenos y confiables.

Cae la tarde en Berlín, y decidimos visitar la Real Fábrica de Porcelana “KPM”. Sus diseños acompañan la historia alemana desde hace siglos, y un recorrido por sus instalaciones, es como un viaje hacia tiempos imperiales, y también republicanos. Un viaje donde el denominador común es la excelencia y la calidad. Un paseo que no defrauda. Y la tienda de la fábrica, tampoco.

Ya se encendían las luces en la capital alemana, y luego de un paseo, nos dirigimos a cenar al exclusivo restaurante Cinco, del afamado chef español, Paco Perez. Una cena germana con corazón ibérico, servida dentro del lujoso Hotel Das Stue, edifico que fuera la antigua residencia del Embajador del Reino de Dinamarca. Un privilegio antes reservado a reales visitas. Y así termina una segunda noche, también mágica.

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