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Todos nos ponemos irritables durante la época de calor y tenemos una teoría que explica por qué sucede. Un equipo en Polonia realizó un estudio para encontrar el vínculo entre el aumento de la temperatura y los niveles de estrés. Esto ha sido algo que ha desconcertado a los expertos durante muchos años.

Nuestro estado anímico está influido por muchas variables con las que estamos en contacto, como las personas que nos rodean, nuestras obligaciones, nuestra situación personal, laboral… y el clima, es una de esas variables con la que estamos en constante contacto. Obviamente a todos no nos afecta por igual, hay gente que es más vulnerables y les afecta más.

La investigación ha revelado que el cortisol, que es la hormona del estrés, es menor en invierno y el calor la aumenta. Esto obviamente afecta la salud pública porque el cortisol es importante para regular la sal, el azúcar y los líquidos en todo el cuerpo.

La primera muestra de datos se derivó de las estadísticas de delitos y cómo se relacionó con el clima. El informe mostró que los delincuentes eran más violentos cuando hacía calor.

Además del calor en la piel, la exposición a las altas temperaturas también aumenta la frecuencia cardíaca, lo que provoca aún más molestias. Un insulto menor, un bache, el tráfico imposible y la calle llena de gente pueden ser percibidos como una ofensa más grave si tu nivel de ansiedad o incomodidad ya se ha intensificado.

Saber cómo reconocer y controlar tu ira puede marcar una gran diferencia en tu vida, especialmente cuando los factores estacionales y biológicos ayudan a aumentar los sentimientos y las reacciones negativas. Así que ya sabes, respira profundo. No eres tu, es el calor.

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