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El veneno es sutil, es secreto, ordenado. No deja sangre en el piso ni agujeros en la pared. Tal vez hasta puede guardarse en la casa, probablemente en la cocina. ¿Quién, históricamente, usa veneno para deshacerse de alguien? Mujeres, por supuesto. París en la segunda mitad del siglo XVII, donde abundaba el veneno, el miedo al veneno y por extensión, el miedo a las mujeres. La corte del Rey Sol estaba llena de intriga y odio, y la paranoia del envenenamiento se puso tan mal que cualquiera con un dolor de estómago entraba en pánico. Avances importantes en farmacología, junto con un miedo a la magia negra creó el ambiente perfecto para una caza de brujas, conocida hoy como el Asunto de los venenos.

Marie-Madeleine Marguerite d'Aubray nació en 1630 de una rica familia francesa. Su padre era el Teniente Civil de París, un trabajo muy influyente y muy bien pagado. Tenía dos hermanos menores y una pequeña hermana que por razones de conducta, terminó en un convento.

A pesar de los rumores de incesto entre Marie y uno de sus hermanos, ella se casó a los 21 años con un hombre muy rico llamado Antoine Gobelin, Marqués de Brinvilliers, cuya fortuna provenía del campo de la fabricación de tintes. Marie era ahora la Marquesa de Brinvilliers. Los ingresos de Antoine más la dote de Marie significaban que ahora eran una pareja atractiva y adinerada con un considerable prestigio social.

Pero poco después de su matrimonio, ambos tuvieron abiertamente amantes. Esto fue escandaloso, pero no del todo inusual; de hecho, se esperaba que una mujer casada joven, atractiva y adinerada tuviera un par de amantes. Desafortunadamente, Marie eligió a un oficial del ejército muy guapo llamado Godin de Sainte-Croix, un hombre con un lado oscuro. El esposo de Marie estaba muy ocupado llevando sus propios asuntos y no parecía importarle demasiado, pero su rico e influyente padre y hermanos estaban absolutamente humillados.

En ese entonces, las personas influyentes podían solicitar al rey que arrestara a cualquier persona cuya moral se ponía en duda. Así que una tarde, mientras Marie y Godin Sainte-Croix pasaeaban por París, fueron interceptados por guardias y Sainte-Croix fue arrestado y enviado a la Bastilla.

Marie estaba furiosa y juró vengarse. Mientras Sainte-Croix pasaba dos meses en prisión, conoció a un misterioso italiano llamado Edigio Exili, que era un experto en el arte del veneno. (Un panfleto francés de la época afirmaba que en Italia, el veneno era "la ayuda más segura y común para aliviar el odio y la venganza"). Sainte-Croix fue introducido al mundo del veneno y abandonó la Bastilla sabiendo que su furiosa amante necesitaba vengarse de su padre.

Tan pronto como fue liberado Sainte-Croix, alquilaron un laboratorio y comenzaron a preparar brebajes ilegales. Pero primero tuvieron que probar el veneno. Así que Marie fue al famoso hospital público junto a Notre Dame. Allí, vagó entre los enfermos, distribuyendo mermeladas y dulces envenenados a sus favoritos, y llorando desconsoladamente cuando inevitablemente morían. También experimentó con una de sus sirvientas, con mermelada de grosella negra y jamón envenenados, lo que le provocó una terrible sensación de ardor en el estómago y tres años de mala salud.

Confiando en que sus misteriosos venenos -que en realidad eran solo arsénico y veneno de sapo- eran indetectables y altamente efectivos, comenzó a envenenar a su padre. Durante los siguientes ocho meses, Marie alimentó a su padre con comida y bebidas envenenadas. Su agonizante y lenta muerte no la conmovió. Los médicos determinaron que la causa de muerte fue: "Gota". Luego, procedió a matar a sus hermanos. Las autopsias de ambos hermanos revelaron las mismas partes internas destrozadas: el estómago y el hígado gangrenados y los intestinos literalmente se estaban cayendo a pedazos. Los certificados de defunción de los hermanos d'Aubray informaron que fallecieron "por causa y efecto natural del mal humor".

Ahora que todos sus parientes masculinos más cercanos estaban muertos, Marie comenzó a planear el asesinato de su hermana y de su cuñada (esposa de uno de sus hermanos) para heredar las respectivas fortunas. Además, también comenzó a envenenar a su esposo para poder casarse con Sainte-Croix, pero a éste no le entusiamaba la idea de tener por esposa a una mujer tan cruel, así que con frecuencia le proporcionaba antídotos en secreto, que ella administraba a su esposo.

Tiempo después Croix murió a causa de un accidente en su laboratorio. Cuando registraron sus pertenencias, hallaron una carta donde confesaba sus crímenes y culpaba a Marie de muchos otros. Al enterarse de lo sucedido, la marquesa de Brinvilliers huyó hacia Inglaterra, luego a Países Bajos y luego regresó a Francia momento en que fue arrestada. Se negó a confesar e incluso intentó suicidarse ingiriendo cristales, pero no lo consiguió. Fue juzgada y condenada a la decapitación pública y posterior cremación. Antes de su muerte se arrepintió.

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