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El fútbol es un hermoso deporte y uno de los más practicados a nivel mundial, pero no siempre fue así. Hasta en el país de la Rosa, donde dicta la historia que éste juego se creó, fue prohibido por la realeza pues era considerado inútil, peligroso y sin sentido.

"El fútbol de carnaval" practicado en Inglaterra, era algo así como un gran partido llanero, pero sin reglas (como si en el llano hubiera reglas o se aplicaran), los equipos no se conformaban de once jugadores, se cree que llegaron a jugarse partidos entre ciudades vecinas, donde literalmente las calles eran la cancha y las porterías se formaban en la entrada de dichas ciudades, pero igual que en los llaneros no faltaban los borrachos y los apuñalados, sin contar con los heridos menos graves como fracturas o pérdida de dientes por golpes. Aquí entra el odiado (por lo menos por los que amamos el fútbol) Eduardo III, hijo de Eduardo II, quien fue derrocado por su esposa 'la loba' de Francia (pero esa es otra historia).

Al ser coronado Eduardo III a los 14 años, tras una rebelión en contra de su padre, debió considerar que el futbol no era muy útil, pues en esos momentos practicar arquería era mucho más práctico, ya que tenía fines bélicos que podían aprovecharse para las constantes guerras internas y externas del país. Así pues el fútbol que era causante de disturbios y "carecía de verdadera utilidad" fue prohibido por decreto real en el año de 1349.

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