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Hace unos meses un amigo me comentó que quería pasar un fin de semana con su esposa en la Riviera Maya, le respondí: “checa en internet qué te gusta y te hago un descuento”. Días después, él me contestó que había infinidad de hoteles y paquetes y no sabía cuál elegir, pero quería algo que fuera maravilloso. Comentó que ya ni recuerda cuando pasaron un fin de semana los dos solos, que quería sorprender a su esposa en su aniversario y que esta vez estaba dispuesto a pagar más, pero que fuera algo majestuoso, memorable y que su señora dijera: “¡Wow!”, al entrar a la habitación.

Sonreí… y le dije: “¡Maroma!, ¿qué?...”.

“¡Sí, el Maroma de Orient Express!”, respondió.

Desde 1883, cuando iniciaron con sus glamorosas travesías de tren en Europa, Orient Express es sinónimo de lujo y estilo.

Hoy cuenta con una pequeña colección de propiedades boutique, ellos son los propios dueños en diversos destinos del mundo, siempre destacando las características particulares de su localidad con el máximo confort y lujo que uno puede imaginar.

ATENCIÓN MÁS PERSONALIZADA

Cuando visite el hotel, me llamó la atención que el personal no lleva gafetes con su nombre, es tan personalizada la atención que simplemente los recuerdas, cuando vas a desayunar te atiende una señora, a la que todos llaman tía, ella te prepara a mano sus tortillas, y cuando visitas el icónico “Freddy´s Bar” descubres que el mismo Freddy es quien te atiende. De hecho se llama Freddy Flores Yerbes, es yucateco y un gran experto en tequila, mezcales y todos los cocteles que puedas imaginarte.

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Mientras saboreaba mi tequila, observé a un turista que pidió un daiquiri, Freddy le trajo una botella de ron, le presentó una charola con diferentes ingredientes y le dijo en Inglés que por favor se sirviera él mismo, el turista un poco atónito no parecía entender por qué Freddy no se lo preparaba.

Entonces Freddy le dijo que quería ver como le gustaba para así preparárselo durante toda su estancia.

Como agencia miembro de la red Virtuoso, nuestro contacto es directamente con la gerente de ventas y con el director del hotel así que fue muy fácil reservar y planear todos los detalles para la estancia de mis amigos.

Desde su llegada al aeropuerto ya los esperaba una lujosa Suburban del hotel que seguramente, como a mí, les ofreció un refrigerio para el camino y mientras escucharon música de fondo de guitarra clásica los trasladó al hotel.

Al llegar, el mismo gerente del hotel les dio la bienvenida y acompañados de su mayordomo pasaron directamente a la habitación 65 que se llama la Suite Sian Nah que en Maya quiere decir Casa del Cielo.

¿Habrán dicho “wow” al entrar? ¿Ustedes que piensan?

¡INCREÍBLE!

La suite se encuentra frente a una de las playas más hermosas de México, arena totalmente limpia y blanca como talco y un mar color turquesa que parece gelatina de menta.

Por fuera cuenta con una terraza con su hamaca y una “plunge pool” (pequeña piscina) privada donde seguramente brindaron con la botella de champagne que el gerente les envió por ser clientes de una agencia de la red Virtuoso.

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La antesala de la suite cuenta con tres ventanas panorámicas, la recamara con una cama tipo King rodeada por un velo, dos lavabos, regaderas dobles, y otro conjunto de regaderas al aire libre, jacuzzi y un cuarto adjunto que es un gimnasio privado con aparato elíptico, pesas y colchón para yoga. Las amenidades incluyen tres tipos de jabones finos hechos a mano, velas, per fumes, etc.

Cuando regresaron le pregunte a mi amigo: “¿Qué les pareció su estancia en el Maroma?”. Me respondió con tres palabras: “¡Wow, maravilloso y memorable!”.

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