Logo-TennisLife

El primer libro que leí completo (que no tuviera dibujos) fue Heidi a los ocho años. Ese día me enamoré de la lectura, pero también de algo más: de la idea de un país con paisajes tan hermosos como mis sueños, donde podría vivir aventuras inimaginables.

alt

Este amor derivó en una fascinación por viajar que me llevó a los rincones más escondidos del mundo. ¿Pero Suiza? No, a Suiza nunca fui, hasta el mes pasado. Por una de esas vueltas, que sólo se le ocurren al señor destino o a la señorita casualidad, me enamoré de Suiza a los ocho años y mi mejor amiga se enamoró de un suizo a los veintisiete. Así que, con pretexto de boda: ¡estoy en Suiza! La de mis sueños, la que siempre me hizo sentir como una niña de ocho años y… es mejor que lo que siempre imaginé.

Montreux

Después de una boda, al puro estilo suizo, nos lanzamos en un viaje en tren que atraviesa las montañas y el corazón de Suiza. Primero, llegamos a Montreux en la mañana de un día que se debate entre lluvia y neblina y caminamos por la orilla del lago entre vendedores ambulantes, tulipanes de colores y niños políglotas.

Montreux tiene una ubicación privilegiada a un lado del lago Lemán, con los Alpes como telón de fondo y es aquí donde hicimos la primera visita de nuestro recorrido: el castillo de Chillon.

alt

Es una joya medieval que fue testigo de la historia de la región desde su primera construcción en el siglo XII. Actualmente es un gran atractivo turístico que, en un recorrido de dos horas, permite imaginar la vida de sus habitantes a lo largo de mil años de guerras y ocupaciones.

Interlaken

Al día siguiente, comienza la aventura con un día glorioso que redime el clima inclemente que nos había tocado hasta el momento. Nos subimos en el tren con destino a los Alpes, específicamente Interlaken, con las cámaras listas y los ojos puestos en el paisaje. El Golden Pass es un tren panorámico que te lleva a Lucerna por la vía larga, cruzando el corazón de Suiza. El recorrido está pausado por diferentes cambios de trenes al pasar de vía ancha a vía angosta para la subida a las montañas. El primer tramo nos lleva de Montreux a Zweisimmen (hasta la fecha no lo sé pronunciar), éste es el primer acercamiento a lo que nos espera en el viaje. El segundo tramo es todo hacia arriba, entre pueblos olvidados y grandes resorts de esquí que nos llevan a Interlaken en medio de los añorados Alpes suizos. Esta pequeña ciudad se encuentra, como su nombre lo indica, entre dos grandes lagos.

} alt

Aquí es donde tomas las fotos de postal que a todos impresionan, aunque en realidad no importa que seas un fracaso con la cámara, con un paisaje como este sólo basta con levantarla y apretar el botón para lograr fotos dignas de un profesional. Las montañas nevadas se encargan del fondo, el cielo de azul profundo es su corona y, a sus pies, el lago las refleja en un homenaje a su belleza.

Grindel Wald

En Interlaken tomamos otro tren a Grindelwald y ¡ahí encontramos un sueño! Con un día tan claro que parecía que podíamos tocar las montañas. Estábamos en un lugar perdido en el mundo, tan escondido entre las montañas que parece que las horas no pasan. Me imagino que cuando tienes algo tan permanente como las montañas en tu jardín, el tiempo toma otro significado. Fuimos a comprar queso, pan y chocolate para una comida genuinamente tradicional y nos sentamos en un parque a platicar.

alt

Como se imaginarán de tres mujeres mexicanas, platicamos y platicamos. ¡Y sorpresa! El tiempo sí pasa y cuando volteamos al reloj faltaba un minuto para que saliera nuestro tren. A correr se ha dicho y en el camino, muertas de la risa, matamos toda la paz de este precioso pueblo. Gracias al anteriormente mencionado señor destino, los del tren nos vieron correr y decidieron esperarnos, dando al traste toda la reconocida puntualidad suiza. Confía en las mexicanas para desestabilizar todo el sistema de transporte de un país que mide el tiempo por minutos y no por “ratitos” como lo hacemos nosotros.

Lucerna

De ahí hasta Lucerna, acompañadas de una serie de paisajes cambiantes que precedían la que fue mi ciudad favorita de Suiza. Lucerna está llena de luz, su río cruza la ciudad con un paso perezoso, mientras los Alpes la enmarcan. El lugar es fascinante, tiene todavía restos de la antigua muralla que la rodeaba y la parte vieja permite perderse por horas entre tiendas y restaurantes. Recorrerlo a pie es la única forma de conocerlo realmente sentir la tranquilidad de su gente, probar las delicias de sus panaderías y pararse en los puentes a ver pasar la vida.

alt

Curioso cómo en un país conocido por sus relojes y puntualidad, lo único que quería hacer era olvidar el tiempo y pasear por sus ciudades y paisajes como si no existiera nada más en el mundo. Creo que no aprendí nada de los suizos pero hasta Heidi estaría orgullosa de mi manera de disfrutar su país.

Para más información sobre el recorrido visita: www.goldenpass.ch

Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook

© Copyright Magazine México 2017

Diseño y Desarrollo por Sinfoni