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¿Entonces no hay puente? Seguramente fue la pregunta de muchos chilangos deseosos de salir a pasear ahora que las lluvias torrenciales fueron menguando y el día de muertos ya tocaba la puerta.

Pues no, no hubo puente, pero para mí Día de Muertos es de las celebraciones que más me apasiona y de vez en cuando me da por aventurarme, salir de mi entorno y adentrarme en una de las tradiciones más antiguas y originales de México así que nos organizamos con una reservación de hotel en Puebla para el viernes 1 y lo demás decidimos simplemente improvisar. En esta ocasión, armados con el “GPS de Waze” para navegar, buen estado de ánimo para improvisar y mucho apetito para comer bien salimos rumbo a Puebla.

Solamente pasas la caseta y empiezan a aparecer paisajes hermosos, más adelante en un tramo recto de la carretera se ve una larga tira color naranja que son infinidad de campesinos vendiendo flor de cempasúchil y esto antes que la voz de navegador del Waze te informe tú ya sabes que estás por llegar a Puebla ¡en pleno Día de Muertos!

Visitamos el Centro Histórico que parecía parte de un escenario representativo de Día de Muertos. Cada lugar con su altar, grande o chico, en negocios o edificios de gobierno. Nos llamó mucho la atención la ofrenda del Palacio Legislativo conmemorando 60 años del voto de la mujer en México y posteriormente asistimos, en la Casa de la Cultura, a una muestra de ofrendas increíbles de todo el Estado de Puebla, fue una gran experiencia encontrar y platicar con algunos de los maestros artesanos que prepararon las ofrendas.

Por la noche, nos dimos cuenta que la fiesta apenas comenzaba, hubo un fabuloso desfile de calacas, catrinas y todo tipo de seres de ultratumba y carros alegóricos como si fueran saliendo de sus sepulcros rumbo a la iglesia de San Francisco. Miles de jóvenes participaron en un evento bien organizado por el Instituto Poblano de la Juventud. Mientras tanto el Zócalo se fue llenando de cientos de familias y aquí siguió esta endemoniada fiesta Angelopolitana hasta horas tardes que ya no vimos.

La mañana del sábado, salimos rumbo a Tochimilco, un pequeño poblado cerca de Atlixco a las faldas del Popocatépetl. Cuenta con 8 barrios y en algunos sus habitantes aún conservan el lenguaje náhuatl ya que son descendientes de los chichime- cas y mantienen fielmente sus tradiciones y rituales ancestrales de Día de Muertos. Lo más memorable de nuestra visita fue admirar la forma y el orgullo con el que las familias nos abrieron las puertas de sus casas para mostrarnos los altares y ofrendas para sus difuntos queridos.

Parece que en esta comunidad no hay persona que no sepa el significado de los siete escalones de un altar o las ceras veladoras. Nos platicaron sobre los ángeles llorones que se colocan hasta arriba en el altar y representan la unión de la tierra con el cielo, Las flores de cempasúchil que se ponen en el camino de la puerta de la casa al altar y que significan la luz del sol que alumbra el camino de los difuntos hacia la Tierra.

El altar de una casa en Tochimilco puede costar entre 5 y 20 mil pesos y esto sin contar la comida que comparten con las visitas. Al entrar nos dieron mamones y nada que ver con el modismo mexicano ya que nos portamos muy bien, se trata de un pan exquisito que se produce sólo en esta época del año, muy rico y suave, se deshace en la boca, así entre mamones, alfeñiques y dulces nos abrimos el apetito para regresar a comer delicioso en Atlixco.

El domingo, con el cielo despejado, fue el momento ideal para aprovechar y salir temprano rumbo a Cholula y admirar el Popocatépetl con todo su esplendor, pues generalmente desde mediodía se cubre de neblina. Cholula es un lugar mágico lleno de historia y folklore, nos encontramos con danzantes, indios voladores, turistas europeos y un gran ambiente que seguramente encontrarás cualquier día del año que visites el Estado de Puebla.

Hoteles más recomendados:

La Purificadora: hotel de diseño espectacular, miembro de la red Virtuoso. Frente al centro histórico.

Hotel Casa Reyna: hotel boutique de 10 habitaciones, frente al centro histórico.

Presidente Intercontinental: hotel de lujo con muy buenas instalaciones, a 10 minutos en auto del centro histórico.

Vista del Zócalo de Puebla, se aprecia la catedral, casas y edificios.

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