Logo-TennisLife

Haití es un destino único que tiene playas caribeñas paradisiacas, fuertes antiguos, arquitectura colonial y una cultura vibrante. El otro lado de la moneda, por supuesto, son las secuelas dejadas por años de agitación política y el terremoto del 2010. Haití es un destino muy especial que atrae turismo igual de especial, desde misioneros y humanitarios hasta capitalistas acérrimos. Es una tierra donde se pueden encontrar oportunidades millonarias y tragedias incontables. Este contraste tan marcado se encuentra en cada respiro y en cada esquina. Haití te desafía en cada momento que pisas su suelo.

Mi primer día fue un torbellino de ideas y emociones. De repente me vi en un país que sólo conocía por los noticieros y siempre desde una luz negativa. Tenía que haber algo en este espacio que fuera positivo, que fuera mágico… ¡Y lo hay! Lo encontré en su música de carnaval que mezcla los mejores ritmos del Caribe con hip hop y te pone a bailar aunque no quieras. Lo encontré en las obras de arte que combinan todos los colores del arcoíris con una maestría envidiable. Lo encontré en la gente que sigue trabajando diariamente para reconstruir su país, sus sueños y sus vidas.

Môle St. Nicholas Al día siguiente fui al norte, a una playa paradisiaca llamada Môle St. Nicholas. Hay tres formas de llegar: en lancha si eres millonario, en avión chárter si logras juntar suficiente gente o en auto si estás dispuesto a pasar ocho horas en terracería evitando baches. Al llegar topas con un pequeño pueblo de pescadores donde la vida pasa mucho más lenta, donde la bahía es el escenario y confín de su universo. Ahí disfrutamos de una semana de playas vírgenes, fuertes abandonados y pescado fresco. Es como ser explorador de un mundo perdido, te sientes el primero en llegar y en todo momento tienes conciencia de lo afortunado que eres al estar en uno de los últimos lugares afectados por el turismo institucional. Es el verdadero Caribe: con futbol, reggae y ron.

Cap-Haïtien Después de una semana en el paraíso, seguí me viaje a Cap-Haïtien donde encontré una hermosa arquitectura colonial francesa y tupida vegetación. Ahí visité La Citadelle Laferrière, un fuerte del siglo XIX que nunca vio una batalla y que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Por su tamaño es el más grande de América y se nota al subir el camino de 5 km a la cima de la montaña. Mientras caminas – o te arrastras – vas sintiendo el tamaño de la construcción y cómo se va ciñendo sobre ti. Esta imponente construcción se torna laberíntica al empezar a recorrer sus pasillos y recovecos. El fuerte fue construido por el Rey Henri Christophe, uno de los líderes de la revolución de esclavos que liberó al país de la colonia francesa. A lo largo de los años, ha sido testigo de tormentas tanto ambientales como políticas y perdura como símbolo de la capacidad del pueblo haitiano de resistir contra sus invasores.

Puerto Príncipe La ciudad capital es el mejor ejemplo de los contrastes encontrados en Haití. Aquí se puede ver a quienes viven en tiendas de campaña hechas con bolsas de basura a un lado de mansiones lujosas. Las calles están alineadas con pinturas y artesanía de latón sobre escombros de edificios olvidados. La realidad del país está impresa en cada mirada y cada sonrisa, sin embargo esas sonrisas perduran y la gente sigue adelante. La ciudad entera se vuelve un testimonio de resistencia y vitalidad. Una visita a Haití te hace sentir explorador y aventurero, te hace pasar de la tristeza a la felicidad en dos segundos y te impulsa a vivir cada minuto como si fuera el último. Una visita a Haití tiene que estar planeada con cuidado para lograr sortear la pesadilla logística que implica un país con carreteras inexistentes y servicios básicos dudosos. Una visita a Haití te va a cambiar la vida pero, como siempre sucede con los destinos no convencionales, no es para los débiles de corazón. Y tu corazón ¿cómo está?

Síguenos en Twitter
Síguenos en Facebook

© Copyright Magazine México 2017

Diseño y Desarrollo por Sinfoni