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Un drama juvenil cocinado a fuego lento con un toque de comedia y emplatado en un recipiente hipster. Así es «Lady Bird», la cinta independiente del año que ha superado dos récords en apenas unos días: por un lado, ha obtenido más críticas positivas en Rotten Tomatoes que «Toy Story 3» (165 frente a 163), y por otro se ha convertido en la película independiente con mejor promedio de taquilla en su primer fin de semana por superando a «La La Land» (sí, en Estados Unidos, «La La Land», con un presupuesto de 30 millones, es «cine independiente»).

«Lady Bird» es una película con trasfondo feminista sobre una adolescente que da el paso a la vida adulta, algo que el cine había tratado pero siempre desde una perspectiva en la que el romance era el punto en el que se apoya la trama: aquí lo hace sobre una chica que aspira a alcanzar sus metas a través de su poderosa personalidad y donde el amor romántico juega un peso importante pero no fundamental. Aquí no hay un príncipes azules ni princesas que deben ser rescatadas, algo de lo que sabe (y ha querido plasmar) la directora, Greta Gerwig, que debuta en la dirección después de escribir y protagonizar la deliciosa «Frances Ha».

Christine «Lady Bird» McPherson es una joven rebelde que estudia en una escuela secundaria católica en Sacramento mientras sueña con ir a la universidad en Nueva York. Como cualquier adolescente, vive dentro de un mundo de contradicciones: una personalidad marcada y llamativa rodeada de inseguridades y miedos que después oculta bajo gritos y lágrimas.

El papel de «Lady Bird» recae en Saoirse Ronan, que a sus 23 años ya ha estado nominada al Oscar por «Brooklyn» y ha participado en «Loving Vincent», «The Lovely Bones», «El Gran Hotel Budapest» o «Hanna», entre otras. Un talento que ya se ha hecho un nombre pese a su juventud.

Lejos de los clichés que suelen proponer este tipo de filmes –pequeños dramas vitales salpicados de comedia y un tono naif– se presentan situaciones reales con un tono hipster que se ha dado en llamar mumblecore (todo está escondido bajo esa estética que ya vimos en Frances Ha, aunque aquí no hay blanco y negro). Saoirse Ronan y Greta Gerwig construyen un personaje que transita por experiencias vitales típicas en un instituto, como las nuevas amistades, las traiciones, la honestidad, el miedo al mundo exterior, la pérdida de la virginidad... Algo que nace de la propia experiencia de Greta Gerwig, ya que hay mucho de autobiográfico, desde el colegio católico en el que ambas estudiaron hasta la relación con su madre. Todo ello salpicado de una banda sonora ecléctica, que pasa de «Hand In My Pocket» de Alanis Morrisette a «Cry Me a River» de Justin Timberlake o «Crash Into Me», de Dave Matthews Band.

Todos estos motivos le han llevado a sumar cuatro nominaciones en los Independent Spirit Awards, incluyendo mejor película y guión, y ya suena en algunas quinielas para los Oscar.

La «pesadilla» de Rotten Tomatoes

Rotten Tomatoes se ha convertido en la web por excelencia para medir la popularidad de una película. Lo hace calculando la media con las críticas profesionales y las de aficionados. Algo que no gusta a cineastas del calibre de Martin Scorsese, que ya escribió un artículo en The Hollywood Reporter contra esta web: «Incluso el nombre de Rotten Tomatoes (tomates podridos) es insultante», dijo el cineasta, que cargó contra el «juicio brutal» que suponen este tipo de webs: «Califican las películas del mismo modo que a los caballos en un carrera, un restaurante o incluso un electrodoméstico. La buena crítica cinematográfica, la escrita por personas apasionadas y comprometidas con el conocimiento real de la historia del cine, se ha desvanecido y cada vez más personas parecen disfrutar viendo películas y cineastas rechazados, despedidos y en algunos casos destrozados», sentenció.

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