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Durante los XXX Juegos Olímpicos, los ojos del mundo se situaron en Londres y fuimos testigos de sus milenarias locaciones, su tradicional cultura gastronómica, sus atracciones turísticas, su preponderancia por el orden, y por supuesto, del glamour que representa la familia real.

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Confieso que en mi infancia, e incluso en algún momento de mi edad adulta, llegué a pensar que los sistemas monárquicos se encontraban caducos, no obstante, el tiempo, algo de investigación y la percepción moldeada en la comunidad internacional modificaron todo lo que yo especulaba.

COMO TODO… SIEMPRE COMIENZA EN LA INFANCIA

Desde que somos pequeños, nuestros padres, con tal de encontrar sosiego, nos sientan frente al televisor y sintonizan uno de esos canales con dibujos animados que protagonizan valientes príncipes y hermosas princesas que configuran la fantasía de nuestros futuros idealizados.

La realeza desempeña un papel fundamental en todas las personas, pues aquellos personajes poseen algo que dispara nuestra imaginación y encienden las aspiraciones de la mayoría.

Sólo basta observar la conducta de una niña de 5 años para darse cuenta de que está programada para ser una sofisticada princesa y ya está lista para iniciar la pesquisa de su príncipe azul.

LA REALEZA COMO MARCA

Así nuestra cultura considera a la realeza como el pináculo de las celebridades, es decir, la clase más alta que existe y a la que muy pocos pueden tener acceso. Desde el polo opuesto, la familia real es mucho más, constituye uno de los trabajos más complejos del planeta: convertirse en una marca de gama alta, que se cultiva y custodia, sagazmente deliberada y exageradamente consistente, con la diferencia que otra marca se centraría en los próximo 6 meses mientras que la familia real tal vez tendrá un plan para los próximos 80 años.

UN POCO DE POLVOS MÁGICOS

Para mantener la imagen real es necesario encontrar el equilibrio entre realidad y fantasía, un pequeño error y el trabajo de siglos se perdería en unos segundos. Así, los encargados de la imagen de la realeza trabajan para encontrar un equilibrio entre la familiaridad y la distancia y a veces recurren a la creatividad o a estímulos imperceptibles como el uso de guantes, que no sirven sólo como símbolo de elegancia, sino que generan una distancia intencional con los ciudadanos.

EL PAPEL DE LA REALEZA EN EL MARCO INTERNACIONAL

Las familias reales son el rostro del país al que representan, junto con todas sus tradiciones y marco axiológico, símbolo que ostenta una significativa variedad de atributos anhelados a los que nos gustaría aspirar, con todo y el merchandising correspondiente constituido por monedas, billetes, canciones, películas, documentales y más productos. Para nosotros los plebeyos, la familia real son individuos afortunados con un montón de privilegios.

Querido lector: ahora ya sabe cuál es el verdadero papel de las familias reales y si por un momento siente que pierde interés por ellos, no se preocupe, pues ellos saben que la mejor forma de contrarrestar su sentir y de incrementar su popularidad, es mediante una boda real? O ¿qué.? ¿A poco usted no comentó la espectacular llegada de la Reina Isabel II en la inauguración de las Olimpiadas?

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