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Por alguna razón, difícil de comprender incluso para mí que he estado inmerso en el proceso de construcción de imagen de varias de las celebridades que aparecen en la televisión y en el cine, los simples mortales, como la mayoría de nosotros, solemos enaltecer a ciertos afortunados que tuvieron la suerte de aparecer en los medios de comunicación.

En lo personal creo que es un tanto absurdo y hasta denigrante pedir un autógrafo a otro ser humano o sacarse una fotografía con un completo desconocido, no obstante, todos lo hemos hecho, y si en este momento usted está pensando en contradecirme y cree que sólo las inocentes ovejas del rebaño quieren presumir su fotografía al lado de William Levy, recuerde la vez que le pidió a Cristiano Ronaldo que le firmara una camiseta o cuando se tomó una fotografía con Madonna; simplemente hay diferencias en gustos pero en la práctica es lo mismo.

¿Por qué idolatramos?

El por qué millones de personas disfrutan ser fans de alguna personalidad se debe a que detrás de ella hay un gran equipo que se encarga de hacer ver a este simple mortal como seudo deidad, o como yo lo llamo, el "Efecto Hércules", es decir, hacer que proyecte un cúmulo de estímulos planeados con alevosía que serán interpretados como dignos de una persona superior, aunado a un grupo de estrategias de posicionamiento y demostraciones de valía y poder.

Cuando trabajamos con celebridades es necesario planear cada aparición en público, desde cuándo, dónde y con quién debe aparecer, qué va a decir, cuánto tiempo permanecerá en el lugar y hasta qué se va a poner, desde un atuendo de gala hasta el típico aspecto fachoso que por lo general tarda más tiempo de producir que uno casual o elegante.

El precio de la fama

Ser una celebridad no es nada fácil pues por lo general el papel no se limita a la pantalla sino a cualquier aparición pública, pues constantemente están en la mira de todos quienes esperan capturar una imagen donde se muestre el lado humano de la estrella, en otras palabras, que se despeine, que se le vea un poco de lonjita o que tenga que usar un pañuelo desechable.

Kalimba lleva toda una vida trabajando en su imagen y es lamentable que su reputación quede mutilada por lo que le resta de vida, por lo que pudo haber sido un error, un acto irresponsable y abusivo o tal vez por alguna chiquilla que resulto tener cualquier cantidad de problemas psicoemocionales y que lo único que buscaba eran sus 15 minutos de fama.

¿Y ahora qué?

Lo que le ocurrió a Kalimba no es un suceso nuevo ni ajeno en el medio en que se desenvuelve y para su buena fortuna, después de ser declarado inocente, sólo tendrá que esperar a que el tiempo haga lo suyo y buscar los servicios de un consultor en imagen profesional para que lo ayude a sacar provecho de esta crisis con la finalidad de reposicionar su imagen y recuperar su credibilidad.

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